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sábado, 7 de diciembre de 2013

Controversia Comunitarismo-Universalismo en Ch. Taylor y J. Habermas. Aportaciones al debate de W. Kymlicka, por Pedro Fernández Fernández.


Pedro Fernández Fernández, amigo, filósofo y colaborador de MetaArs, nos hace un extracto de su obra. En el enlace final podéis consultar el texto completo.


 
            Los fenómenos identitarios (étnicos, culturales, etc.) constituyen, ya sea acertada o equivocadamente, un aspecto importante de la realidad sociopolítica actual y se enmarcan, a su vez, en un fenómeno más amplio: la crisis de la modernidad.
            A lo largo del siglo XX, aunque ya había precedentes (por ejemplo, la crítica de Nietzsche a la cultura occidental), se produce una falta de confianza en los resultados de la modernidad que lleva a una crisis. Entre otras alternativas (por ejemplo, la postmodernidad o el neoconservadurismo) surgen: por un lado, el comunitarismo, que representa una opción más bien rupturista respecto a la modernidad; y por otro lado, los representantes de la ética de la acción comunicativa (J. Habermas) o de la ética del discurso (K.O. Apel), también llamados “universalistas”, y los defensores de un liberalismo clásico actualizado (J. Rawls), que representan una opción reformadora. La disputa entre estas alternativas lleva a plantearnos la primacía entre dos tipos de derecho: el derecho a la autonomía personal, que considero fundamental, y el derecho colectivo de la comunidad.        
            Como señala Pilar González Altable en su artículo “Liberalismo vs. comunitarismo (John Rawls: Una concepción política del bien)”, dentro del comunitarismo hay planteamientos distintos (no se trata de una corriente homogénea de pensamiento) como los contramodernos de A. MacIntyre, M. J. Sandel y R. Bellah, y planteamientos que no quieren renunciar a algunas marcas políticas de la modernidad como los de Ch. Taylor y M. Walzer. Todos ellos comparten determinadas premisas como la prioridad de las nociones de bien sobre los acuerdos de justicia, la crítica al yo neutro del pensamiento atomista liberal y, en consecuencia, la inevitabilidad de los determinantes contextuales e históricos (valores comunitarios o tradiciones). No obstante, hay matices que los diferencian. Los contramodernos defienden posturas conservadoras y neoaristotélicas, mientras que Ch. Taylor y M. Walzer sostienen planteamientos neohegelianos y “renovadores” de la modernidad.
            En este trabajo me propongo considerar, en primer lugar, la controversia entre Taylor y Habermas, ya que ejemplifica de forma relevante las posturas filosóficas que subyacen y dan argumentos a las tendencias que se dan en la realidad sociopolítica sobre el tema del reconocimiento político de las minorías. Para ello utilizaré los textos más importantes de estos filósofos sobre el tema.
            En segundo lugar, trato las limitaciones del comunitarismo a través de diversos artículos que, en mi opinión, realizan aportaciones importantes desde distintos puntos de vista. 
En tercer lugar, consideraré las aportaciones al debate de un filósofo bastante influyente: Will Kymlicka. En mi opinión, este filósofo se sitúa dentro de un comunitarismo más moderado y sutil, y en su libro Ciudadanía multicultural intenta justificar que en los principios básicos del liberalismo está el germen de los derechos diferenciales de grupo. Analizaré qué grado de coherencia tiene su postura.
Finalmente realizo una aproximación al tema del federalismo y al derecho de autodeterminación. Se trata de dos ejemplos de cómo el debate filosófico que manejo tiene reflejo en la realidad socio-política y de cómo se plasman en ella las limitaciones del multiculturalismo comunitarista. Así, en el debate entre comunitaristas y liberales el federalismo ocupa un lugar importante (también el derecho de autodeterminación, que está estrechamente vinculado con el federalismo), ya que es considerado por unos (Pedro Cerezo) como el mecanismo más adecuado para recoger las demandas de reconocimiento del autogobierno de las minorías, mientras que otros (W. Kymlicka) son críticos con él por considerarlo poco flexible para las necesidades de estas minorías.
Al igual que Taylor y otros filósofos concretan todas estas temáticas en una realidad política como la de Québec (Canadá), en este trabajo se hará un leve acercamiento al caso español. Considero que, de esta forma, se puede ayudar a hacer más próxima la filosofía a personas de la más variada tipología. Así, tal vez, no se vea como algo lejano, y se fomente un diálogo en el que se refleje de forma más directa su relación con la actualidad socio-política. 
 
                                                       Foto de C. Alberto
 
A lo largo de este trabajo se ha visto que un aspecto importante de la realidad socio-política como es la preocupación por la identidad cultural, étnica y nacional, tiene su reflejo en el ámbito del pensamiento. Como suele ser habitual, se dan distintos tipos de posicionamiento entre los que se incluye la apología del reconocimiento cultural, étnico y nacional. Ante estas posturas reduccionistas, considero prioritaria la defensa de los derechos individuales para evitar, en la medida de lo posible, cualquier tipo de coacción personal. Esto no implica negar el derecho de autogobierno de las minorías, pero creo que es necesario delimitar este derecho para evitar esas coacciones, discriminaciones y el auge de extremismos.
            Por otra parte, conviene destacar algunas conclusiones que se han extraído en los apartados del trabajo. En primer lugar, considero que hay cuestiones tan importantes o más, que la demanda de reconocimiento de las minorías culturales, étnicas, nacionales, o de los grupos sociales. Así, se puede recordar que la realización plena de los derechos de primera generación no está conseguida aún ni en los países con más tradición democrática, o que un desarrollo adecuado de los derechos de segunda generación tampoco se ha dado en la mayoría de los países. Esto no quiere decir que el tema del reconocimiento sea un tema menor, pero de ahí a considerarlo vital, como hace Taylor, media un trecho, y más cuando hay posibilidades legales de conseguirlo (por ejemplo, en España) en un grado que no es meramente testimonial.
El tema del reconocimiento nos lleva al de la identidad ya que es ésta la que se pretende que sea reconocida. Pero el concebirla de una forma esencialista, es decir, de forma fija, permanente y pura, no sólo es un error peligroso o conflictivo sino que es algo artificioso y alejado de la realidad. Además, la preocupación excesiva por la identidad no hace sino manifestar una identidad débil, porque, por una parte, si la identidad estuviera clara, lo demás, es decir, el reconocimiento, podría venir por añadidura, y, por otra parte, la concepción de identidad que se tenga no debe depender tanto de lo que piensen o de lo que reconozcan los demás.
            En cuanto a Kymlicka, creo que no logra desarrollar de modo coherente un multiculturalismo liberal. Su diferencia con los comunitaristas consiste básicamente en considerar la comunidad en un sentido más amplio (comunidad nacional), aunque hay comunitaristas como Taylor que ya lo hacen así. No obstante, sigue considerando a esta comunidad como algo fundamental que debe ser especialmente protegido, incluso con protecciones externas que pueden llegar a confundirse con las restricciones internas, es decir, que pueden tener implicaciones para la libertad de los miembros de la comunidad nacional. Además es partidario de abstenerse ante cualquier intervención que obligue a sociedades “iliberales” a respetar los derechos básicos. Por estas razones y por otras que se vieron anteriormente, considero incorrecto calificar como liberal al multiculturalismo de Kymlicka. Y, por otra parte, conviene dejar claro frente a la opinión de Kymlicka, que los nacionalismos o los movimientos nacionales basados en la lengua pueden ser tan nocivos como los basados en ficticios rasgos étnicos o raciales, ya que parten de la premisa de que la lengua pertenece al territorio (concebido como algo que pertenece de forma indubitable, objetiva y casi sagrada a una determinada nación) y no a los ciudadanos. Así, mientras siempre demandan pluralidad a nivel nacional, son poco receptivos a las demandas de pluralidad interna.
Por todas estas razones considero que conviene salvaguardar el papel del Estado (por ejemplo, a través de la delimitación de una serie de competencias propias del Estado), mientras tenga carácter democrático, y no reducirlo a un mero juego de negociación política con los representantes de las minorías si se quiere garantizar una igualdad de trato a todos los ciudadanos y un fluido intercambio cultural. De ahí, mis reservas ante el federalismo asimétrico o ante la apología de la identidad cultural, étnica o nacional. 
 
 
 

viernes, 29 de noviembre de 2013

Camarín de la Virgen del Rosario.


No pensé que el camarín de la Virgen del Rosario me iba a gustar tanto como me gustó. Ya me sorprendió que fuera independiente de la iglesia de Sto. Domingo, sólo unido mediante un gran arco al retablo, comunicándose así con la iglesia, es por ello que parte de la calle Cobertizo de Sto. Domingo sea un túnel, ya que encima se encuentra el camarín. Comenzó su construcción en 1744 y se terminó en 1773, constituye la cumbre del camarín andaluz en palabras de Bonet Correa. La finalidad de un camarín es crear un lugar privado para la imagen a venerar, el fiel la contempla desde la iglesia y a través del retablo que es el pórtico del camarín. La distribución asemeja a la del Palacio de Versalles, una sala principal para la Virgen del Rosario, rodeada de otras salas (sala capitular, postcamarín, sala de Lepanto y sala de la Inmaculada) que son introductorias a la sala principal. Todo el conjunto arquitectónico está lleno de símbolos, así en la Sala de Lepanto no sólo se representa aquella batalla histórica sino también la lucha entre el pecado y la virtud y como ésta es vencedora con el rezo del Rosario, de ahí que se pinten a los ángeles con el Rosario en su cuello y con armas en sus manos. Hay detalles de mucha riqueza, se sustituyen los espejos por ágatas para así reflejar la luz. En la sala de la Inmaculada encontramos pinturas alegóricas, que representan la alegría por la victoria sobre el mal. El antecamarín tiene una exuberancia decorativa en columnas de mármol, relieves en piedra y alabastro. El pavimento es de piedras recortadas de colores, con escudos de armas turcos, pontificios y españoles, en recuerdo de los Estados que participaron en la batalla de Lepanto. Es de destacar como en el pavimento hay un sol que simboliza a Dios y como a la Virgen se le representa con la luna. Hay también un fanal que se llevó en uno de los navíos que participó en la batalla. El camarín es de planta cuadrada lo que simboliza a la Tierra, se cubre con bóveda sobre pechinas que representa a la bóveda celeste, el conjunto se cubre con espejos chapeados de diversas formas que dan al conjunto gran luminosidad y movimiento. Es difícil transmitir con palabras la belleza que emana, os aconsejo que si podéis vayáis a visitarlo porque no os va a decepcionar. La Virgen del Rosario es una escultura del s. XVIII, vestida con traje de chapa de plata, adornado con pedrería de colores. Ya en la iglesia vemos el retablo que muestra centenares de figuras de ángeles y querubines, estípites y cornisas, formando una decoración exuberante, arbitraria, muy densa. Hay relieves de la Pasión, figuras bíblicas como las de Judith y David. El centro del retablo deja visible el camarín con la Virgen del Rosario en su interior.
 





 





                                                             Fotos de Pedro Fernández Fernández
 
 
 
 
 

domingo, 17 de noviembre de 2013

La Inmaculada de Alonso Cano.

«Una pureza virginal que aunaba candor de niña y gravedad de mujer, perfección plástica y soberanía espiritual; esbeltez de palmera, recato de torre marfileña, blancura de azucena envuelta en el azul del lirio, los cielos a sus pies y la adoración estática de manos y rostro...»
Manuel Gómez-Moreno Martínez
 
Foto de Torres Molina
 
Cuentan de Alonso Cano que tenía un carácter iracundo, soberbio y pendenciero. Detrás de estas sombras de su personalidad aflora el genio del artista, arquitecto, pintor y escultor y que en esta obra nos deja su más exquisita sensibilidad y belleza en estado puro. 

En el contexto histórico de esta talla se vive un ambiente de devoción inmaculista del que participaba el artista y que alcanzó un especial significado en su ciudad natal. Recogió toda la reflexión teológica, tratados y teóricos del arte de su tiempo y esculpió una Inmaculada Niña con túnica blanca, símbolo de pureza, y manto azul, símbolo de amor celestial. La palabra manto representa a la madre que envuelve y cobija. Y una media luna con las puntas hacia abajo, símbolo antiguo de la castidad. Los cinco mensajes cristianos de inocencia, obediencia, eternidad, gracia y amor se representan en esta Inmaculada de Cano. Amor, uniendo las manos por las yemas de los dedos, inocencia representando a la Virgen María en su niñez, gracia porque se representa a la Virgen en el momento en el que es elegida para protagonizar la concepción sin pecado para ser madre de Dios, obediencia inclinando la cabeza hacia adelante y eternidad porque la Virgen adopta forma de ciprés, estrecha por abajo y arriba y ancha en el centro. 
 
La escultura está tallada en madera de cedro, mide 55 cm. incluida su base de nubes y querubines y la realizó Cano en 1655. Destinada para coronar el facistol de la Catedral de Granada, se puede contemplar hoy en su Sacristía. Alonso Cano consigue con esta talla la difícil compenetración entre pintura y escultura, al jugar con las formas cóncavas y convexas, la verticalidad de la figura, la policromía azul cobalto del manto, uniforme y sin tonalidades, la profunda emoción que transmite su rostro y sus manos, los órganos libremente expresivos. Así vemos que lo etéreo e ingrávido representado en los pliegues de manto y túnica se conjugan perfectamente con la mirada honda, absorta y tranquila de una niña. Alonso Cano refleja su ideal de belleza femenina: ojos grandes, nariz fina, boca pequeña, piel pálida, mejillas encarnadas y cabello largo extendido por hombros y espalda. Todos estos valores formales, toda la perfección y profundo oficio de Alonso Cano quizás expliquen la intensa impresión que se siente al admirar esta obra cumbre del Barroco español, la aureola de misterio que destila, como el autor logra transmitir sus sentimientos más íntimos y su más alto contenido espiritual.
 

 

 

domingo, 27 de octubre de 2013

Las miradas del Arte.



Contra toda opinión, no son los pintores sino los espectadores los que hacen los cuadros.
Marcel Duchamp.
 
No hay arte sin espectador, ¿Cómo podría haberlo?, ¿Qué sentido tendría cualquier obra plástica si nadie estuviera para percibirla, sentirla e interpretarla?
  
Reconozco que esta exposición me ha gustado especialmente y me ha sorprendido el mimo que han tenido los organizadores en su planteamiento, una riquísima perspectiva desde el s. XVII hasta la actualidad a lo largo de cuarenta y cinco cuadros pertenecientes al patrimonio municipal, que a falta de un museo que albergue toda su colección se ha expuesto temporalmente en el Centro Cultural Gran Capitán.

La pintura es el arte idóneo donde posar la mirada y comulgar con la mirada del artista, sólo así mirada del artista y del espectador hacen que el cuadro alcance el ideal para el que fue concebido, lograr una plenitud estética que se transmite, una emoción que nos trasciende y que afloren sentimientos que estaban latentes. Se explica así que al contemplar “El contador de cuentos” de Mariano Bertuchi nos traslademos de inmediato a la otra orilla del Mediterráneo y nos sintamos una más de esas personas que escuchan embelesadas a un hombre que llena de ilusión una vieja plaza rodeada de casitas y montañas de leyenda. O que ante “Retrato femenino” de José de la Cruz Suárez no podamos más que contemplar y admirar la belleza y la tristeza de su mirada, la carga de deseos, promesas, vacío y resignación que hay en esos ojos, disimulada en parte por la flor en el pelo y la gracia del vestido y el mantón de Manila. “Caballero anudándose la corbata” y “Descanso del músico” de Mariano Fortuny alejados del costumbrismo del s. XIX nos muestran escenas inusuales, un hombre ante un espejo que en un acto de coquetería masculina se ajusta el nudo de la corbata o la de un jovencísimo violinista que abandona su actividad para reposar unos momentos, hay que destacar el detallismo y preciosismo que Fortuny alcanza en estos óleos. Hacemos un viaje en el tiempo artístico desde la religiosidad del s. XVII hasta las nuevas composiciones y ritmos narrativos del s. XXI.

Hay un momento en que los ojos se abren al arte, es un proceso que al principio cuesta mucho, como el aprendizaje de cualquier disciplina pero tras el esfuerzo llega el entendimiento. Mirar es un acto físico pero también lo es moral, el espectador ha de mirar abiertamente la obra de arte, mirarla tal y como es, ponerse delante del cuadro y que fluyan las emociones, y en un acto de libertad de expresión decir si gusta o no lo que se está viendo. Es importante tener información sobre los cuadros porque al tenerla enriqueces la mirada y consigues ver otro cuadro distinto y mejor. Cada cuadro tiene una historia y cuando ésta se sabe, se mira mejor. Si el arte se mira de una forma pasiva sólo es un entretenimiento. El arte de verdad, con mayúsculas es el que te enseña a mirar y entender la vida.

















Fotos de Flavio Sevilla







 

lunes, 23 de septiembre de 2013

Billy Joel. Piano Man.


 
 
“Cold Spring” el primer álbum que publicó Billy Joel fue un fracaso, en el primer sencillo del siguiente “Piano Man” narra de forma ficticia pero con alto contenido autobiográfico la vida de un pianista en un bar, un hombre sin suerte, de gran talento y con una gran capacidad para empatizar y elevar el ánimo de todos los asistentes. Me hubiera gustado estar allí al lado del piano, al resguardo de la dureza y competitividad de la calle, rodeado del anciano que le hace el amor a su gintonic recordando lo que sólo él sabe, que metáfora para describir esa variante de soledad en el alcohol. 



Cántanos una canción, eres el pianista
Cántanos una canción esta noche
Pues todos tenemos ganas de una melodía
Y tú nos haces sentir bien
 

Alrededor del piano danza la destreza de John malgastada en un trabajo que no le llena pero que le da de comer, sueños frustrados de una estrella de cine. Paul al que le faltó tiempo para tener una esposa es otro lobo solitario que bebe al lado de más soledades. Y es en este paisaje coral donde se da cita la vida para darse una tregua ante la inseguridad, obsesión y miedo que todos tenemos. Afortunadamente hay un pianista con los mismos temores pero tocado con el don de hacer olvidar por unos momentos todas las miserias y recordarnos que la vida continúa, y que jamás hay que perder la ilusión ni la esperanza.

 “Piano Man” cayó rápidamente del top diez de Billboard y raramente apareció en las radios americanas en los siguientes tres o cuatro años. Sin embargo, después del lanzamiento del álbum “The Stranger” en 1977, la canción se convirtió en una de las más populares del artista y fue entonces cuando conoció la fama. Ese pianista del bar, alter ego del propio Joel quizás no era consciente de que la vida rueda, da vueltas, muchas vueltas. Y a él le debemos que el olor a cerveza y el sonido de carnaval de aquel tugurio nos lleven acompañando cuarenta años, recordándonos quiénes somos, de que material tan frágil estamos hechos y lo importante que es sentir el calor de un extraño.   

Y el piano suena como un carnaval
Y el micrófono huele a cerveza
Y se sientan en la barra y ponen monedas en mi frasco
Y me dicen: “Hombre, ¿Qué haces aquí?

 

 

 

sábado, 7 de septiembre de 2013

Robert Doisneau. El beso.


Robert Doisneau. El beso.
 
Al fondo se ve ligeramente desenfocada la fachada neorenacentista del Ayuntamiento de París, situado en la Place de l’Hôtel-de-Ville, sin este edificio parisino la imagen perdería majestuosidad. La focal utilizada casi con toda seguridad es intermedia (50 mm.). En aquella época, estamos en 1950, la mayoría de los fotógrafos sólo se podían permitir utilizar este objetivo, siendo el auténtico objetivo universal. Probablemente la apertura de diafragma fuera f:4,0 resaltando así con nitidez los personajes del primer plano en contraposición con el Hôtel de Ville al fondo. En la instantánea claramente distinguimos tres partes si dividimos la foto en tercios verticales. Los de izquierda y derecha enmarcan a modo de vigías el tercio central, verdadero protagonista de la imagen. Sin querer, la silueta recortada del hombre de gabardina, del que está sentado y del hombre de la boina se erigen en guardaespaldas absortos de los dos enamorados. El tercio central es un prodigio de composición, a los elementos ya descritos se le unen dos automóviles antiguos, un viandante que va caminando contracorriente y una mujer de gesto adusto que fija su mirada en algún elemento que le ha llamado poderosamente la atención. Todos ellos en línea recta con la pareja de jóvenes. El incesante bullir del París después de la II Guerra Mundial se dan cita aquí en todo su esplendor. En el centro de un rombo imaginario dibujado con todos los elementos descritos se sitúan dos muchachos que ajenos a lo que les rodea se besan con una ligera torsión de sus cuerpos. La pose es muy elegante, no hay más que fijarse en la suavidad del gesto en las manos de los dos jóvenes, incluso en el vestuario se aprecia un halo de modernidad que contrasta con el del resto de paseantes. La fotografía es mucho más que un alarde de técnica y estructura, se convirtió sin querer su autor en un símbolo de una ciudad que quiere retomar el pulso vital después de una guerra, reencontrarse a sí misma y erigirse en la ciudad para enamorados. Robert Doisneau tenía una habilidad especial para captar sentimientos y emociones, y logró con la sensibilidad que sólo los grandes fotógrafos poseen legarnos una de las más bellas imágenes de  toda la historia de la fotografía.

domingo, 25 de agosto de 2013

El valle de Noambé.


Me llamo Tom, soy agente de seguros y dos semanas antes de jubilarme me fui a África. De cómo cambié mi despacho en Albawer’s Insurance, repleto de pólizas e informes por el valle de Noambé, no me preguntéis. Aquella llamada de Aseguradores sin Fronteras me regaló el seguro más bonito que jamás haya hecho.
 
La pequeña aldea de Omká la cruzaba un riachuelo de agua purísima, siguiendo su estela me encontré el viejo ébano sagrado que languidecía sin remedio.
-Si muere el árbol- me decía el jefe del poblado- morirá la alegría en esta aldea, los niños perderán la sonrisa. Tom, haznos el mejor seguro.
-Tranquilo. Esto es lo único que me atreví a decir mientras oía el roce de las hojas del ébano con la brisa, emitiendo una melodía finísima, tan dulce como de oboe.
 
Arañé con mis manos en las raíces del árbol, separé con pericia la tierra que se adhería, ahondé y ahondé hasta encontrar un pajarillo de alas tornasoladas, el mismo que halló Pandora en el fondo de la caja. Al verme, feliz, levantó el vuelo, sembrando la esperanza en la aldea.
 
Hoy, a miles de kilómetros del valle de Noambé, aún recuerdo mi último seguro.
 
 
 
Flavio Sevilla.

domingo, 11 de agosto de 2013

Detroit Institute of Art: ¿Venta al mejor postor?


 

Detroit llegó a tener en la década de los cincuenta del siglo pasado cerca de dos millones de habitantes, hoy apenas llega a los setecientos mil. Esta merma poblacional es consecuencia del declive de la industria del automóvil –Ford, General Motors, Chrysler- que se asienta en la ciudad. Todo ello ha contribuido a que la situación financiera haya llegado al colapso. Detroit acumula una deuda de 18500 millones de dólares, fruto también de años de dispendio y corrupción.
 
Fotografía Nitesh's
 
En un intento de encauzar la situación económica, el gobernador de Michigan nombró a principios de 2013 a un administrador gerencial de la ciudad para que intente encontrar soluciones a la situación caótica de las finanzas públicas. Una de las soluciones expuestas es la venta de parte de las sesenta mil obras de arte del Detroit Institute of Art, las cuarenta obras más representativas podrían reportar cerca de tres mil millones de dólares. Todo ese inmenso patrimonio artístico compuesto por obras de figuras como Matisse, Van Gogh, Diego Rivera, Tintoretto, Caravaggio o Rembrandt podría salir en pública subasta para aligerar las deudas con los acreedores de la ciudad. Una colección que se ha formado a lo largo de décadas y que es patrimonio ciudadano, así figura en las cartelas de las pinturas, todas con la misma leyenda: “Propiedad de la ciudad de Detroit”.
 
                                                           Mural de Diego Rivera. Fotografía Vasenka.
 Es evidente que en una ciudad debe haber servicios públicos garantizados tales como los de seguridad, educación, asistencia social, etc. Pero el debate surge en si una ciudad o un país puede comerciar con su arte y con su historia para garantizar estos servicios y privar al ciudadano de un derecho básico como es el del acceso a la cultura.
 
 

domingo, 4 de agosto de 2013

Miguel Ángel Revilla. Nadie es más que nadie.


Un hombre que confiesa que escribió el libro con un pilot porque no maneja máquinas de escribir ni ordenadores, y que se comió un plátano por primera vez a los diez años en una visita familiar a Santander, irremediablemente te cae bien. Miguel Ángel Revilla tiene un componente de hombre espectáculo, es capaz de cantar a dúo con David Bustamante, calzarle unas albarcas al Rey de España o plantearle un reto culinario al chef Alberto Chicote en televisión -reto que ganó, por cierto, por un pequeño margen de puntuación, cocinando “Perrechicos”, un revuelto de champiñones cántabros-. Ahora, con este libro, nos acercamos a su vida personal, desde su infancia en Polaciones, en la montaña cántabra, rodeado de ganado, su familia, su vida de estudiante, el inicio de su trayectoria profesional y el salto a la vida política. Narra muchas anécdotas, algunas desternillantes como la de su encuentro con el rey Harold de Noruega después de toda una mañana de continencia urinaria en la boda de los Príncipes de Asturias. Otras son muy duras como las de una denuncia que le interpuso un ex diputado del Parlamento de Cantabria por apropiación indebida, denuncia sin ningún fundamento como quedó de manifiesto en el juicio celebrado, o la de un empresario y un amigo de la infancia que trataron en vano de corromperle ofreciendo dinero a cambio de concesiones.
Aconsejo leer los capítulos dedicados a la guerra de Irak por su interés y el dedicado a la economía, como economista que es explica los orígenes de la crisis económica que vivimos y da pautas e indicaciones para salir de ella. Nos da a conocer la cara humana de hombres como Emilio Botín, alejada de la visión que en general se tiene de él.
Polaciones (Cantabria)
Tiene un inmenso amor a su tierra, a Cantabria, y eso lo deja traslucir a lo largo de todas la páginas de este libro, es un hombre muy extrovertido y espontáneo alejado del político encorsetado y con prevenciones. El atractivo de este personaje radica ahí, es capaz de hacer cosas normales en un mundo alejado de la gente normal como es el de la política. Leyendo el libro descubrimos las miserias de la política, las debilidades de los políticos, las intrigas y trampas. Miguel Ángel Revilla puede ser muchas cosas pero es un hombre honesto, convencido de que nadie es más que nadie, y si alguna lectura hemos de sacar de su libro es que es necesario que en política afloren personas con pasión por el servicio público, sin ataduras, con sentido común y que antepongan los intereses generales a los particulares.

martes, 23 de julio de 2013

La belleza: Una búsqueda sin fin.




“A partir de ahora, debemos rendirnos a la tolerancia, al sincretismo total, al absoluto e imparable politeísmo de la belleza”

Umberto Eco

 
¿Qué es la belleza? Es algo fácil de percibir pero difícil de explicar. El ser humano se puede conmover ante la visión de un amanecer, la sonrisa de un niño o una obra de arte. Podemos encontrarla en la propia Naturaleza en forma de fractales que son formas geométricas irregulares que se repiten a diferentes escalas o también que muchas plantas brotan siguiendo la sucesión de Fibonacci, una sucesión infinita de números naturales que guardan entre sí proporciones equilibradas. La Naturaleza utiliza el mismo esquema para disponer hojas, pétalos, frutos… Sin embargo, la belleza fundamentalmente es una creación cultural, así cada cultura, espacio o tiempo tiene su ideal de belleza. El concepto de belleza como construcción cultural está formado por una serie de ideas socialmente asumidas que van evolucionando de acuerdo con las cambiantes circunstancias sociales, biológicas, psicológicas, etc.
 
 "Nautilus". Museo de la Evolución Humana.
 

La exposición “La belleza. Una búsqueda sin fin” del Museo de la Evolución Humana nos adentra en este fascinante mundo de la mano de ciento cincuenta piezas y nos invita a reflexionar que ha supuesto la belleza en el transcurrir del tiempo, su influencia en nuestras vidas, en nuestras relaciones personales, y que sacrificios de toda índole se puede llegar a hacer para alcanzar un determinado ideal de belleza. Es de destacar como el uso de tratamientos y artificios para acrecentar la belleza era inherente a los mandatarios y clases pudientes desde el inicio de los tiempos y como progresivamente se fue democratizando los usos de higiene y cosmética así como la moda. Se pasa así del uso de la belleza como signo de distinción y diferenciación entre clases sociales a una transversalidad ayudada por cambios políticos, industriales, de pensamiento y mentalidad.

A partir del siglo XX -convulso y con contrastes- irrumpieron vehículos de difusión extraordinarios de ideales de belleza, la industria del cine o la televisión convirtieron en mitos sexuales e iconos de belleza a pléyades de artistas, creando un mundo fantasioso paralelo al mundo real que, sin embargo, no puede ocultar los profundos cambios sociales y económicos que se suceden por toda la tierra relativizando los criterios estéticos.

Adentrémonos en esta exposición, conozcamos los cánones de belleza a lo largo del tiempo, descubramos la proporción áurea en la naturaleza, escultura, pintura y arquitectura, asistamos a los nuevos avances tecnológicos aplicados al mundo de la belleza.

 

miércoles, 10 de julio de 2013

Alexandra Berta.


El aforo del patio de los mármoles del Hospital Real estaba completo, presagiando lo que iba a ser una auténtica revelación musical en esta nueva edición del FEX. Una sobria puesta en escena, una mesa con una cítara que anunciaba sonidos nuevos que nos iban a transportar al corazón de la música tradicional húngara.



Foto de Beatriz Eligio
Fotos de Beatriz Eligio
 

Alexandra Berta es una citarista de enorme talento que se acompaña a sí misma con la voz potente, sobria y elegante que posee. Alíz Agod con su voz alegre y perfectamente modulada hace que se compenetren a la perfección. Ádám Kiss Balbinat es un verdadero virtuoso del violín, capaz de arrancar de forma parsimoniosa y terminar en tempo rápido, elevando la expectación del auditorio. Imre Csasznyi, viola, voz y tambura, me descubrió este instrumento parecido a una mandolina, alcanzando pasajes de verdadera calidad con su compañero. Con el sonido envolvente de la tambura y la gravedad de su voz interpretó una canción profunda, muy sentida, introspectiva, una especie de lamento quizás por una pérdida, de emoción contenida, bellísima.


 

La conjunción de las cuatro voces y de los instrumentos de cuerda efectivamente nos trasladaron al corazón de Hungría, cantando sobre temas universales: amor, elección de pareja, matrimonio, separación y penas de la vida. Es por eso que despertaron sentimientos encontrados como tristeza, ilusión, alegría y felicidad, acompañados por melodías identificables en Moldavia, Hungría, India, Estados Unidos… Saber que esos temas universales también se acompañan de melodías universales, que pueden brotar allí dónde halla un sentimiento puro.


 
  

7-7-13 Alexandra Berta from Festival de Granada on Vimeo.

sábado, 29 de junio de 2013

José Mª. Rodríguez-Acosta. Trilogía de desnudos.


En una ciudad desangrada por la Guerra Civil, la ruina y la miseria es posible encontrar un pequeño oasis donde se creen unos de los cuadros más bellos del s. XX. José Mª. Rodríguez-Acosta dejó atrás paisajes, costumbrismo y retratos para acometer una trilogía de desnudos inconmensurable: “Desnudo tendido”, “Desnudo con bola de cristal” y “La noche”. Encerrado en su estudio afloró todo su enorme caudal artístico y sus conocimientos de años de oficio para legarnos tres obras que ejemplifican su magisterio.

Había hecho numerosos bocetos para los tres cuadros lo que le llevó a definir claramente el resultado final. Una de las primeras sensaciones que transmite es lo estudiado del trazo, reforzada por la utilización de una técnica recuperada de la tradición clásica basada en la definición de planos, superficies acabadas y dibujo sin titubeos, creando así unas figuras de contornos definidos que acaparan la total atención al contrastar con fondos neutros. La figura así se convierte en la auténtica protagonista.

De “Desnudo tendido” hay que resaltar la luminosidad de la figura, la belleza del brazo y de la mano apoyando el dedo corazón en la barbilla, el color encendido de las mejillas, la sensualidad que invitan al observador a buscar mensajes ocultos, vinculado a las corrientes simbolistas de la época.
Especial mención merece “Desnudo con bola de cristal”, las tonalidades sombrías del fondo focalizan la atención por completo en una mujer de rodillas apoyada en una gran bola de cristal, la figura femenina se refleja en la superficie sobre la que se apoya y en la bola de cristal. La perfección y elegancia de la mano derecha cubriendo parte del rostro, dejando de nuevo una mejilla encarnada nos deja una sensación de subyugación sensorial. La figura está a medio camino entre mujer y sirena, todas las interpretaciones son válidas ante esta obra maestra.



“La Noche” es la última obra de la trilogía, permanece inacabada en el estudio del pintor. Hay algo que anuncia la muerte, quizá la posición de la cabeza de la mujer, los contrastes lumínicos muy acusados en piernas, costado, rostro y brazos, una solitaria flor.


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domingo, 23 de junio de 2013

Christian M. Walter. Tinta plana.


La Casa Molino Ángel Ganivet acoge la interesantísima exposición del serigrafista Christian Mathias Walter. Esta muestra la componen medio centenar de obras de treinta autores, Soledad Sevilla, Valentín Albadíaz, Miguel Rodríguez Acosta o Rosa Brun entre otros, hechas en su taller de Vegas del Genil.

Una tinta plana es un color directo que a diferencia de la cuatricromía no va mezclado mediante tramas de los cuatro colores básicos: cian, magenta, amarillo y negro. Mediante esta técnica Christian M. Walter ha ido trabajando durante los últimos veinticinco años, experimentando con nuevos soportes y realizando una labor de artesano que ahora podemos disfrutar en esta exposición.

Hacemos un recorrido desde la estampación más sencilla, una sola tinta acromática, negro sobre papel blanco, hasta una de las técnicas más novedosas, la “serigrafía al fresco” en la que la obra va cambiando de tonalidad con el transcurso del tiempo. Vemos también la obra de Enrique Brinkmann serigrafiada sobre metacrilato o la de Juan Vida sobre cartón. Quiero destacar “Montaña mágica” de Soledad Sevilla, autora por la que siento una profunda admiración y que aquí, a través de líneas onduladas paralelas logra trasmitir belleza y sorpresa al mismo tiempo, haciendo de lo sencillo un alarde de maestría.



 

viernes, 7 de junio de 2013

Manuela Mora. Albaicín.


Fui a la exposición “Albaicín” de Manuela Mora en la Sala de Exposiciones Zaida el día de su inauguración, me prometí volver a ir otro día para observarla más detenidamente. Y eso hice ayer, fue una decisión acertada, desde luego, porque la propia autora estaba allí, la conocí y estuvimos hablando sobre sus cuadros. Manuela es una persona abierta y simpática. Estas características personales sin duda se transmiten a su obra. Dotada de un lenguaje pictórico personalísimo, insinúa edificaciones con trazos a lápiz, con estudiadas manchas de color deja que el espectador imagine e interprete. Establece un diálogo de tú a tú, y la persona que ve sus obras tiene mucho que decir. Experimenta con nuevas formas, desafía la ley de la gravedad e inclina las edificaciones, desafía el color real de la naturaleza y sorprende con colores inusitados. El color es el gran protagonista en esta exposición, sobre todo en las diez obras de técnica mixta, hay un riguroso estudio del mismo, combina muy bien los básicos y complementarios, hay incluso monográficos de colores fríos como en “Barrio Alto” y “Gama de Sensaciones I”. Incluso a través del color es capaz de transmitir al espectador el estado de ánimo que tenía en ese momento.

La exposición contiene quince acuarelas, tres de gran formato y doce de pequeñas dimensiones. Muestra aquí su capacidad de investigar con nuevas técnicas -hasta ahora no había trabajado la acuarela- y consigue resultados óptimos. A pesar de ser la acuarela una técnica difícil, donde todo ha de ir estudiado, muy pensado, Manuela Mora crea nuevos escenarios investigando con el papel, la pincelada, la extensión del color; consigue resultados sorprendentes como en “Calle Molinillo” donde los escalones de la calle parecen hechos de burbujas, o como en “Calle San Luis” donde hábilmente dirige la mirada del espectador a la esbelta torre de la iglesia de S. Luis.

Hay muchas horas de investigación, ganas de abrir nuevos caminos, visión personal y fundamentalmente trabajo. Espero ver pronto una nueva exposición con técnicas nuevas y que me produzca la misma sensación gratificante.



martes, 21 de mayo de 2013

Apperley


Sí sabía que Apperley era un pintor británico, que vivió en un Carmen albaicinero en la plaza de S. Nicolás dominando las tantas veces plasmadas vistas de la Alhambra. Algún cuadro suyo había visto pero confieso que no me había parado a observarlos con la minuciosidad que lo he hecho en los últimos días. Desde su infancia siempre le han acompañado escenarios naturales que han forjado una impronta de excelente paisajista: la localidad costera de Torquay en el Canal de la Mancha, Venecia, Roma, Florencia, Tánger y Granada, sobre todo Granada. En la Granada de aquella época, ciudad romántica que poco a poco iba despertando al cambio, Apperley halló el verdadero sentido a su obra y a su vida. Enamorado de la luz de Andalucía, del folcklore, vivió una verdadera bohemia romántica en esta ciudad. Retrató a los personajes más representativos del Albaicín y del Sacromonte, los dos barrios de Granada donde el exotismo se hacía más patente: gitanas de belleza morena, mujeres con mantilla, desnudos, nocturnos envolventes, –especial predilección sentía por el nocturno- pintados siempre con muchísimo buen gusto. De su maestro Herkomer aprendió la técnica del retrato y su clasicismo también fue inspirado por Gabriel Morcillo, López Mezquita o Rodríguez Acosta. Sin embargo su verdadera fuente inspiradora fue la propia Naturaleza. Fue un dibujante preciso y rápido, pintor al óleo, pero por encima de todo un excepcional acuarelista. Con esta técnica alcanzó la plenitud pictórica aunando clasicismo y rasgos impresionistas. Son muchos los paisajes de las calles de Granada, la vega, miradas a la Alhambra siempre plasmadas con un ojo certero, transmitiendo una belleza serena, en muchas ocasiones misteriosa, llegando a la misma esencia granadina, asimilando por entero su aroma, en pleno mimetismo. Supo sacar el mayor partido a esta técnica, colorido, calidades, matices, contrastes, bajo la batuta de una inspiración muy fecunda. Casado con una granadina, Enriqueta Contreras, la convirtió en su musa a la que retrató en repetidas ocasiones, significando la inteligencia de su mirada y la bondad de sus gestos.







 
 

martes, 14 de mayo de 2013

Claudio Sánchez Muros. La poesía del diseño.



Hasta el próximo veintinueve de mayo podemos disfrutar de la exposición “La poesía del silencio” de Claudio Sánchez Muros en el Palacio de la Madraza. La Universidad de Granada nos ofrece esta retrospectiva del autor granadino a través de la colección familiar, una parte de ella inédita. Desde las primeras obras influenciadas por el clasicismo de su maestro Gabriel Morcillo hasta grabados y collages aprendidos en su etapa barcelonesa. Si hay un género con el que podamos identificar a Claudio Sánchez Muros es el diseño gráfico. No nos equivocamos si decimos que es el gran maestro del diseño gráfico. Instituciones, revistas literarias como la mítica “Poesía 70”, portadas de libros o de discos de Enrique Morente o Carlos Cano llevan el sello creador de Claudio Sánchez Muros.
Ser humano entrañable, discreto, muy culto y bueno, de fina ironía a decir de quienes le conocieron.
Exposición muy recomendable la que nos brinda el Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada. 
 

viernes, 10 de mayo de 2013

La Judería. Museo sefardí de Granada.

Cuando en el siglo VIII los pueblos musulmanes llegan a Granada encuentran una importante población judía asentada en la orilla izquierda del Darro, conocida como Garnata Al-Yahud. Se tienen noticias de su presencia desde principios del siglo IV.

La judería, de trazado similar al resto del tejido musulmán, estaba situada en el actual barrio del Realejo, se extendía desde la actual Puerta Real a Torres Bermejas y hacia el sudeste hasta la Plaza de Fortuny, teniendo como núcleo central el espacio que hoy ocupa la Plaza del Padre Suárez, en cuyo entorno se encontraba la sinagoga. Formaba parte de la Medina granadina.

Entre los judíos destacó Samuel Ibn Nagrela que ejerció de visir del reino desde 1037 hasta 1056 y bajo cuyo mandato Granada alcanzó un esplendor político, cultural y económico que no se volvería a repetir. El creciente poder de los judíos –intelectualmente muy preparados y poderosos económicamente- empieza a ser visto con recelo por los musulmanes. El 30 de diciembre de 1066 la mayor parte de la comunidad judía fue masacrada, desde entonces los judíos junto con los cristianos serán minoría. A finales de marzo de 1492, los Reyes Católicos firman el Edicto de Expulsión de la comunidad judía, a partir de entonces la comunidad judía abandonará Granada o se habrá convertido al cristianismo.

A pesar de ser una judería importante, todas las destrucciones habidas han hecho que apenas queden restos en Granada del aquel pasado judío. Hoy para rememorar aquella época os propongo una visita al “Museo Sefardí de Granada”. Situado en una bonita casa del Realejo, de patio interior con empedrado granadino y fuente, tiene una sala donde se exhiben una Torá, una menorá, el juego del dreidel, una bandeja auténtica de pesaj, la kipa judía, las copas litúrgicas del shabat. Y el rigor histórico de Gabriel y Beatriz nos va guiando por todo el devenir del pueblo judío en Granada. Así conocí que actualmente en Granada hay una comunidad de alrededor de dos mil judíos, que viven sus tradiciones a puerta cerrada. No hay sinagogas en Granada, ni tampoco Granada pertenece a la red de juderías de España, a pesar del importante pasado. El museo está en evolución, se tiene previsto abrir una nueva sala con biblioteca y muestra sobre personajes históricos de origen judío. Igualmente se realizarán degustaciones de comida hebrea, conferencias, cursos, y también la celebración del shabat.

Os dejo estos enlaces para más información:




http://sefardies.es/




                                                                                                        Fotografía Flavio Sevilla

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miércoles, 1 de mayo de 2013

Mística y verdad. Barroco español en la colección Granados.


Hasta el próximo diecinueve de mayo podremos disfrutar en el Centro Cultural de CajaGranada en Puerta Real de parte de la colección de Miguel Granados Pérez, cuarenta y siete años después de comprar su primer cuadro ha hecho una de las colecciones privadas de arte más importantes de España, centrándose principalmente en nuestro Siglo de Oro.

Los coleccionistas de arte tienen un papel importante en la difusión cultural, el buen coleccionista no es un acaparador de obras de arte, hay un placer mayor que adquirir las obras y es mostrarlas al público, hacer que los demás disfruten de esa pasión por el Arte. En Granada se exponen medio centenar de obras de un total de más de cuatrocientas que componen la colección Granados. Asistimos a unos de los momentos de mayor desarrollo de las artes plásticas en España, el Barroco del siglo XVII. El sentir religioso profundo y los cambios promovidos por la Contrarreforma católica son el origen de nuevos modelos iconográficos, se aúna la divinidad trascendente con la realidad más inmediata.

La exposición hace un recorrido por el siglo XVII de la pintura española en el que había dos grandes focos: Madrid donde Felipe IV se erigió en gran mecenas de las artes y Sevilla punto de conexión con las Indias, por donde pasaban las corrientes más vanguardistas del momento.

La muestra está dividida en dos grandes apartados: Naturalismo que se corresponde con la primera mitad del siglo XVII, y pleno Barroco, coincidiendo con el reinado de Carlos II y hasta su muerte en mil setecientos.

En el Naturalismo están presentes autores que presentan influencias contrarreformistas, como la Asunción de la Virgen de Luis Tristán; flamencas, con Diriksen en Madrid y Pacheco y Antonio del Castillo en Andalucía; e italianas, en Lágrimas de San Pedro de Pereda, San Pablo ermitaño y San Antón de Sebastián Martínez, o el Calvario de Pedro Orrente. En el naturalismo, a veces tenebrista, de esta primera etapa de la exposición destaca la figura de Zurbarán, el primero de los grandes maestros con personalidad muy marcada que dejará huella en Ignacio de Ríes o Antonio Castillo.

El barroco hispano avanza en esta segunda fase tomando referencias venecianas y lombardas e influenciadas por el trabajo de Rubens y Van Dyck. Diego Velázquez es el gran referente, genio independiente, sus seguidores siguen el modelo de retrato cortesano por él instituido; Doña Mariana de Austria, obra de su yerno Martínez del Mazo, y Retrato de caballero de la Casa de Priego, de su discípulo Juan de Alfaro así lo ejemplifican.

El foco madrileño: Francisco Rizzi, Claudio Coello, Carreño de Miranda, Frías y Escalante, Herrera el Mozo, Cabezalero o Antolínez muestran la madurez de un lenguaje de gran riqueza cromática y luminosidad, de pincelada suelta y vibrante que será compartida por los últimos representantes de este período, el italiano Lucas Giordano y el cordobés Antonio Palomino.

El foco andaluz: Juan de Sevilla, Pedro Atanasio Bocanegra, José de Mora y Pedro de Mena, muestran la fuerza de los maestros de esta tierra en la pintura y la escultura. Destaca la delicadeza del lenguaje de Murillo y su dulzura formal con la enérgica y original sensibilidad de Valdés Leal.