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martes, 21 de mayo de 2013

Apperley


Sí sabía que Apperley era un pintor británico, que vivió en un Carmen albaicinero en la plaza de S. Nicolás dominando las tantas veces plasmadas vistas de la Alhambra. Algún cuadro suyo había visto pero confieso que no me había parado a observarlos con la minuciosidad que lo he hecho en los últimos días. Desde su infancia siempre le han acompañado escenarios naturales que han forjado una impronta de excelente paisajista: la localidad costera de Torquay en el Canal de la Mancha, Venecia, Roma, Florencia, Tánger y Granada, sobre todo Granada. En la Granada de aquella época, ciudad romántica que poco a poco iba despertando al cambio, Apperley halló el verdadero sentido a su obra y a su vida. Enamorado de la luz de Andalucía, del folcklore, vivió una verdadera bohemia romántica en esta ciudad. Retrató a los personajes más representativos del Albaicín y del Sacromonte, los dos barrios de Granada donde el exotismo se hacía más patente: gitanas de belleza morena, mujeres con mantilla, desnudos, nocturnos envolventes, –especial predilección sentía por el nocturno- pintados siempre con muchísimo buen gusto. De su maestro Herkomer aprendió la técnica del retrato y su clasicismo también fue inspirado por Gabriel Morcillo, López Mezquita o Rodríguez Acosta. Sin embargo su verdadera fuente inspiradora fue la propia Naturaleza. Fue un dibujante preciso y rápido, pintor al óleo, pero por encima de todo un excepcional acuarelista. Con esta técnica alcanzó la plenitud pictórica aunando clasicismo y rasgos impresionistas. Son muchos los paisajes de las calles de Granada, la vega, miradas a la Alhambra siempre plasmadas con un ojo certero, transmitiendo una belleza serena, en muchas ocasiones misteriosa, llegando a la misma esencia granadina, asimilando por entero su aroma, en pleno mimetismo. Supo sacar el mayor partido a esta técnica, colorido, calidades, matices, contrastes, bajo la batuta de una inspiración muy fecunda. Casado con una granadina, Enriqueta Contreras, la convirtió en su musa a la que retrató en repetidas ocasiones, significando la inteligencia de su mirada y la bondad de sus gestos.







 
 

martes, 14 de mayo de 2013

Claudio Sánchez Muros. La poesía del diseño.



Hasta el próximo veintinueve de mayo podemos disfrutar de la exposición “La poesía del silencio” de Claudio Sánchez Muros en el Palacio de la Madraza. La Universidad de Granada nos ofrece esta retrospectiva del autor granadino a través de la colección familiar, una parte de ella inédita. Desde las primeras obras influenciadas por el clasicismo de su maestro Gabriel Morcillo hasta grabados y collages aprendidos en su etapa barcelonesa. Si hay un género con el que podamos identificar a Claudio Sánchez Muros es el diseño gráfico. No nos equivocamos si decimos que es el gran maestro del diseño gráfico. Instituciones, revistas literarias como la mítica “Poesía 70”, portadas de libros o de discos de Enrique Morente o Carlos Cano llevan el sello creador de Claudio Sánchez Muros.
Ser humano entrañable, discreto, muy culto y bueno, de fina ironía a decir de quienes le conocieron.
Exposición muy recomendable la que nos brinda el Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada. 
 

viernes, 10 de mayo de 2013

La Judería. Museo sefardí de Granada.

Cuando en el siglo VIII los pueblos musulmanes llegan a Granada encuentran una importante población judía asentada en la orilla izquierda del Darro, conocida como Garnata Al-Yahud. Se tienen noticias de su presencia desde principios del siglo IV.

La judería, de trazado similar al resto del tejido musulmán, estaba situada en el actual barrio del Realejo, se extendía desde la actual Puerta Real a Torres Bermejas y hacia el sudeste hasta la Plaza de Fortuny, teniendo como núcleo central el espacio que hoy ocupa la Plaza del Padre Suárez, en cuyo entorno se encontraba la sinagoga. Formaba parte de la Medina granadina.

Entre los judíos destacó Samuel Ibn Nagrela que ejerció de visir del reino desde 1037 hasta 1056 y bajo cuyo mandato Granada alcanzó un esplendor político, cultural y económico que no se volvería a repetir. El creciente poder de los judíos –intelectualmente muy preparados y poderosos económicamente- empieza a ser visto con recelo por los musulmanes. El 30 de diciembre de 1066 la mayor parte de la comunidad judía fue masacrada, desde entonces los judíos junto con los cristianos serán minoría. A finales de marzo de 1492, los Reyes Católicos firman el Edicto de Expulsión de la comunidad judía, a partir de entonces la comunidad judía abandonará Granada o se habrá convertido al cristianismo.

A pesar de ser una judería importante, todas las destrucciones habidas han hecho que apenas queden restos en Granada del aquel pasado judío. Hoy para rememorar aquella época os propongo una visita al “Museo Sefardí de Granada”. Situado en una bonita casa del Realejo, de patio interior con empedrado granadino y fuente, tiene una sala donde se exhiben una Torá, una menorá, el juego del dreidel, una bandeja auténtica de pesaj, la kipa judía, las copas litúrgicas del shabat. Y el rigor histórico de Gabriel y Beatriz nos va guiando por todo el devenir del pueblo judío en Granada. Así conocí que actualmente en Granada hay una comunidad de alrededor de dos mil judíos, que viven sus tradiciones a puerta cerrada. No hay sinagogas en Granada, ni tampoco Granada pertenece a la red de juderías de España, a pesar del importante pasado. El museo está en evolución, se tiene previsto abrir una nueva sala con biblioteca y muestra sobre personajes históricos de origen judío. Igualmente se realizarán degustaciones de comida hebrea, conferencias, cursos, y también la celebración del shabat.

Os dejo estos enlaces para más información:




http://sefardies.es/




                                                                                                        Fotografía Flavio Sevilla

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miércoles, 1 de mayo de 2013

Mística y verdad. Barroco español en la colección Granados.


Hasta el próximo diecinueve de mayo podremos disfrutar en el Centro Cultural de CajaGranada en Puerta Real de parte de la colección de Miguel Granados Pérez, cuarenta y siete años después de comprar su primer cuadro ha hecho una de las colecciones privadas de arte más importantes de España, centrándose principalmente en nuestro Siglo de Oro.

Los coleccionistas de arte tienen un papel importante en la difusión cultural, el buen coleccionista no es un acaparador de obras de arte, hay un placer mayor que adquirir las obras y es mostrarlas al público, hacer que los demás disfruten de esa pasión por el Arte. En Granada se exponen medio centenar de obras de un total de más de cuatrocientas que componen la colección Granados. Asistimos a unos de los momentos de mayor desarrollo de las artes plásticas en España, el Barroco del siglo XVII. El sentir religioso profundo y los cambios promovidos por la Contrarreforma católica son el origen de nuevos modelos iconográficos, se aúna la divinidad trascendente con la realidad más inmediata.

La exposición hace un recorrido por el siglo XVII de la pintura española en el que había dos grandes focos: Madrid donde Felipe IV se erigió en gran mecenas de las artes y Sevilla punto de conexión con las Indias, por donde pasaban las corrientes más vanguardistas del momento.

La muestra está dividida en dos grandes apartados: Naturalismo que se corresponde con la primera mitad del siglo XVII, y pleno Barroco, coincidiendo con el reinado de Carlos II y hasta su muerte en mil setecientos.

En el Naturalismo están presentes autores que presentan influencias contrarreformistas, como la Asunción de la Virgen de Luis Tristán; flamencas, con Diriksen en Madrid y Pacheco y Antonio del Castillo en Andalucía; e italianas, en Lágrimas de San Pedro de Pereda, San Pablo ermitaño y San Antón de Sebastián Martínez, o el Calvario de Pedro Orrente. En el naturalismo, a veces tenebrista, de esta primera etapa de la exposición destaca la figura de Zurbarán, el primero de los grandes maestros con personalidad muy marcada que dejará huella en Ignacio de Ríes o Antonio Castillo.

El barroco hispano avanza en esta segunda fase tomando referencias venecianas y lombardas e influenciadas por el trabajo de Rubens y Van Dyck. Diego Velázquez es el gran referente, genio independiente, sus seguidores siguen el modelo de retrato cortesano por él instituido; Doña Mariana de Austria, obra de su yerno Martínez del Mazo, y Retrato de caballero de la Casa de Priego, de su discípulo Juan de Alfaro así lo ejemplifican.

El foco madrileño: Francisco Rizzi, Claudio Coello, Carreño de Miranda, Frías y Escalante, Herrera el Mozo, Cabezalero o Antolínez muestran la madurez de un lenguaje de gran riqueza cromática y luminosidad, de pincelada suelta y vibrante que será compartida por los últimos representantes de este período, el italiano Lucas Giordano y el cordobés Antonio Palomino.

El foco andaluz: Juan de Sevilla, Pedro Atanasio Bocanegra, José de Mora y Pedro de Mena, muestran la fuerza de los maestros de esta tierra en la pintura y la escultura. Destaca la delicadeza del lenguaje de Murillo y su dulzura formal con la enérgica y original sensibilidad de Valdés Leal.