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lunes, 23 de septiembre de 2013

Billy Joel. Piano Man.


 
 
“Cold Spring” el primer álbum que publicó Billy Joel fue un fracaso, en el primer sencillo del siguiente “Piano Man” narra de forma ficticia pero con alto contenido autobiográfico la vida de un pianista en un bar, un hombre sin suerte, de gran talento y con una gran capacidad para empatizar y elevar el ánimo de todos los asistentes. Me hubiera gustado estar allí al lado del piano, al resguardo de la dureza y competitividad de la calle, rodeado del anciano que le hace el amor a su gintonic recordando lo que sólo él sabe, que metáfora para describir esa variante de soledad en el alcohol. 



Cántanos una canción, eres el pianista
Cántanos una canción esta noche
Pues todos tenemos ganas de una melodía
Y tú nos haces sentir bien
 

Alrededor del piano danza la destreza de John malgastada en un trabajo que no le llena pero que le da de comer, sueños frustrados de una estrella de cine. Paul al que le faltó tiempo para tener una esposa es otro lobo solitario que bebe al lado de más soledades. Y es en este paisaje coral donde se da cita la vida para darse una tregua ante la inseguridad, obsesión y miedo que todos tenemos. Afortunadamente hay un pianista con los mismos temores pero tocado con el don de hacer olvidar por unos momentos todas las miserias y recordarnos que la vida continúa, y que jamás hay que perder la ilusión ni la esperanza.

 “Piano Man” cayó rápidamente del top diez de Billboard y raramente apareció en las radios americanas en los siguientes tres o cuatro años. Sin embargo, después del lanzamiento del álbum “The Stranger” en 1977, la canción se convirtió en una de las más populares del artista y fue entonces cuando conoció la fama. Ese pianista del bar, alter ego del propio Joel quizás no era consciente de que la vida rueda, da vueltas, muchas vueltas. Y a él le debemos que el olor a cerveza y el sonido de carnaval de aquel tugurio nos lleven acompañando cuarenta años, recordándonos quiénes somos, de que material tan frágil estamos hechos y lo importante que es sentir el calor de un extraño.   

Y el piano suena como un carnaval
Y el micrófono huele a cerveza
Y se sientan en la barra y ponen monedas en mi frasco
Y me dicen: “Hombre, ¿Qué haces aquí?

 

 

 

sábado, 7 de septiembre de 2013

Robert Doisneau. El beso.


Robert Doisneau. El beso.
 
Al fondo se ve ligeramente desenfocada la fachada neorenacentista del Ayuntamiento de París, situado en la Place de l’Hôtel-de-Ville, sin este edificio parisino la imagen perdería majestuosidad. La focal utilizada casi con toda seguridad es intermedia (50 mm.). En aquella época, estamos en 1950, la mayoría de los fotógrafos sólo se podían permitir utilizar este objetivo, siendo el auténtico objetivo universal. Probablemente la apertura de diafragma fuera f:4,0 resaltando así con nitidez los personajes del primer plano en contraposición con el Hôtel de Ville al fondo. En la instantánea claramente distinguimos tres partes si dividimos la foto en tercios verticales. Los de izquierda y derecha enmarcan a modo de vigías el tercio central, verdadero protagonista de la imagen. Sin querer, la silueta recortada del hombre de gabardina, del que está sentado y del hombre de la boina se erigen en guardaespaldas absortos de los dos enamorados. El tercio central es un prodigio de composición, a los elementos ya descritos se le unen dos automóviles antiguos, un viandante que va caminando contracorriente y una mujer de gesto adusto que fija su mirada en algún elemento que le ha llamado poderosamente la atención. Todos ellos en línea recta con la pareja de jóvenes. El incesante bullir del París después de la II Guerra Mundial se dan cita aquí en todo su esplendor. En el centro de un rombo imaginario dibujado con todos los elementos descritos se sitúan dos muchachos que ajenos a lo que les rodea se besan con una ligera torsión de sus cuerpos. La pose es muy elegante, no hay más que fijarse en la suavidad del gesto en las manos de los dos jóvenes, incluso en el vestuario se aprecia un halo de modernidad que contrasta con el del resto de paseantes. La fotografía es mucho más que un alarde de técnica y estructura, se convirtió sin querer su autor en un símbolo de una ciudad que quiere retomar el pulso vital después de una guerra, reencontrarse a sí misma y erigirse en la ciudad para enamorados. Robert Doisneau tenía una habilidad especial para captar sentimientos y emociones, y logró con la sensibilidad que sólo los grandes fotógrafos poseen legarnos una de las más bellas imágenes de  toda la historia de la fotografía.