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sábado, 10 de mayo de 2014

SOS: Una iglesia albaicinera.

Foto de Antonio Gámez Grande

Es innegable que tenemos que defender nuestra vida, nuestra familia y nuestra casa, nadie cuestionaría algo así, se da por hecho. Hay otro legado que existe en el ámbito local, que compartimos en un mismo territorio y que está representado por monumentos, yacimientos arqueológicos, lugares históricos, etc., y constituye el patrimonio cultural. Sin embargo, no somos plenamente conscientes de la importancia de salvaguardar el legado cultural que hemos recibido, conservar la herencia trasmitida y reparar los daños que el tiempo y la mano del hombre han hecho en ésta. Y salvaguardar y defender el patrimonio cultural es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros, máxime en una época de crisis como la que vivimos en la que las Administraciones Públicas hacen recortes severos en políticas culturales en general, y de conservación y restauración en particular. Debemos tomar conciencia individual y social de la importancia que tienen los pequeños gestos en aras de la defensa del patrimonio, para así crear una conciencia colectiva que vaya calando en cada uno de nosotros y nos haga sentir el patrimonio como algo nuestro, como algo de todos.
La iglesia de San Luis se construyó sobre el solar que ocupó la Aljama al-Safa, en 1526, y fue destruida por un incendio el 9 de diciembre de 1933. Su fachada, flanqueada por la torre de ladrillo, presentaba arco apuntado con hornacina encima, ocupada por la estatua en piedra de San Luis. Su interior era de dimensiones reducidas y constaba de una sola nave con cuatro capillas en cada lado, abiertas en el s. XIX. Nave y capilla mayor se cubrían con interesantes alfarjes, de los que no ha quedado resto alguno, como tampoco de sus cuadros y esculturas. La más interesante de éstas era la del Cristo de la Luz, que la tradición refiere que se descubrió al hacer los cimientos de la Sacristía, en el fondo de una mina, de la que, al ser golpeada por los albañiles, salió una voz que decía: “Cavad y encontraréis la luz”, hallándose entonces un crucifijo resplandeciente, alumbrado por una lámpara maravillosa al que, desde entonces, se rindió fervoroso culto, constituyéndose para ello una Hermandad que, en 1733, construyó la capilla a él dedicada.
Ochenta años han pasado desde que se destruyó la iglesia de San Luis, y hoy presenta el mismo estado lamentable de entonces. Otras iglesias se destruyeron por completo en aquellos años, otras a día de hoy, con muchos esfuerzos y sin ayudas oficiales están llevando a cabo obras de restauración, así la iglesia de S. Nicolás y la de S. Miguel Bajo. La iglesia de San Luis sigue sola y huérfana en el bello Albaicín alto, para vergüenza de todos y en especial de los que dicen que aman y protegen la cultura de Granada. Las razones por las que no se ha acometido su restauración no las sé, pero lo que sí sé es que no ha habido voluntad de restaurarla hasta ahora. Y esos muros del siglo XVI poco a poco se desmoronarán sin remedio, si no se impide antes.
He paseado muchas veces por allí y siempre me he dicho que algo tenía que hacer para dar a conocer el estado de ruina que presenta la iglesia de S. Luis, en un barrio que es Patrimonio de la Humanidad, no lo olvidemos. A mi alcance tengo mi ordenador, internet, mi blog cultural y las redes sociales. Con la conjunción de estas herramientas creé hace dos años una página en Facebook donde voy publicando periódicamente todos aquellos documentos e imágenes que descubro, así como todos los que me envían sus seguidores. Y me doy cuenta de la importancia que tuvo esta iglesia en el pasado, de la inspiración artística que supuso para pintores, incluso estando en ruinas, y de la tristeza que supone ver el estado en que se encuentra. Hice también una petición de firmas en la plataforma change.org y ahora escribo este artículo para mi blog. Si consigo, al menos, que se conozca el estado en que se encuentra la iglesia, si logro que la iglesia de San Luis le importe a una sola persona y crearle esa conciencia de salvaguarda del patrimonio, este artículo habrá cumplido su fin.




Fotos de Flavio Sevilla


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